miércoles, 4 de mayo de 2011

EL PULQUE



Magali Hernández Navarro

El pulque bebida prehispánica creada por los dioses mesoamericanos para que el hombre quisiera vivir en la tierra y les rindiera tributo, el mito cuenta que:

“Cuando Quetzalcóatl y Tezcatlipoca terminaron la obra de la creación y ésta quedó coronada con la formación de los primeros hombres, se volvieron a reunir en consejo de dioses y dijeron: ‘He aquí que el hombre está triste, si no hacemos algo para que se regocije y tenga gusto de vivir sobre la tierra y nos alabe y cante y baile’. Lo que oído Quetzalcóatl, Ehécatl, el dios del viento, pensó (en su corazón) dónde podría encontrar algún licor que llevara al hombre (para) hacerlo alegrar, y pensando en eso se acordó de una virgen diosa llamada Mayaclel o Mayauel, guardada por otra diosa, su abuela, que del número de las que llaman Tzitzimime y se fue a donde estaban ellas y encontró que dormían. Despertó a la virgen y le dijo: ‘Vengo por ti para llevarte al mundo’. A lo que accedió al instante y descendieron ambos, llevándola él sobre los hombros. Apenas llegaron a la tierra, los dos se cambiaron en un árbol con dos ramas, una de las cuales se llamaba Quetzalhuéxotl, sauce precioso, que era la de Ehécatl, y la otra Xochcuahuitl, árbol florido, que era la virgen, cuando su abuela despertó y no la encontró, llamó a todas las otras Tzitzimime y todas bajaron a la tierra en busca de Ehécatl. Entonces las dos ramas del árbol se rompieron y se separaron una de la otra: habiendo sido reconocida la de la virgen por la diosa vieja, rompió en pedazos la rama y dio uno a cada una de las otras, que lo comieron pero dejaron intacta la de Ehécatl, el cual, cuando volvieron las diosas al cielo, volvió a su forma antigua, juntó los huesos que habían quedado de la virgen, cuya carne comieron las diosas, los enterró y de ellos salió una planta que los indios llaman metl, maguey.”1

Esta es una de las leyendas que hay con respecto a la creación del pulque hablan de la unión del Dios del viento con una diosa virgen. Después de la creación de esta bebida Quetzalcóatl fue el primer en embriagarse y sentir los estragos que le dejo la cruda.
Esta bebida en la época prehispánica no podía ser consumida por cualquier persona como hoy en día, al contrario solo era ingerida en rituales religiosos, por ancianos de más de 70 años de edad o por guerreros.

Para la época colonial el pulque dejaría de ser una bebida sagrada y pasaría a ser una bebida embriagante que dejaría buenas ganancias para los poseedores de magueyes, esta actividad se volvería de suma importancia en el centro del país que es en donde más se consume, ante esta economía pulquera que iba creciendo cada vez más se exigía mejor calidad por esta razón las haciendas pulqueras tuvieron un gran auge a mediados del siglo XVII lo que provoco un mayor número de pulquerías en la ciudad de México para el siglo XVIII.
Las pulquerías serían un foco rojo para la época de la independencia ya que se consideraban puntos de encuentro de los seguidores de la independencia, situación que provoco el aumento de vigilancia militar en las ciudades, llegando al extremo de que no se permitieran las reuniones de más de 6 personas en los lugares más concurridos, las visitas a las pulquerías por parte de los indígenas no dejaron de ser recurrentes aunque se vieran como lugares donde se albergaban delincuentes y revoltosos por esta situación se consideraban las pulquerías como lugares que alteraban el orden social; esto no impidió el surgimiento de más establecimientos al contrario se incrementaron en,
“1671 sabemos que en la Ciudad de México había 34 pulquerías que operaban en los barrios indígenas de la ciudad; cantidad que para fines de del siglo XVII había crecido a 45.”2
En la cita anterior podemos ver qué el incremento de las pulquerías fue considerable, estas pulquerías serían lugares mucho más grandes teniendo capacidad hasta para 500 o 600 bebedores3 la vigilancia a los lugares que vendían bebidas embriagantes incremento por los disturbios cometidos en estos, los delitos que más se cometían eran por qué:
“en esos lugares sociabilizaban abiertamente hombres y mujeres, socialización, que ya bajo los efectos del pulque, solían derivar en delitos de orden moral como el estupro, las violaciones o incluso asesinatos. Las zonas en que se emplazaban las pulquerías, se decía, facilitaban los mencionados desórdenes. Estaban ubicadas en lugares con nula iluminación nocturna, rodeadas de casas habitadas por gente de muy escasos recursos y, de plano, servían como escondite de malhechores e indios que solían evadir el pago de tributo.”4
Las pulquerías eran sin duda lugares peligrosos, así como también eran lugares insalubres asimismo lo podemos ver en las descripciones que se hacen de las pulquerías en donde nos dicen que no contaban con letrinas o algo similar por lo que los clientes tenían que hacer sus necesidades en la vía publica provocando un ambiente de extrema insalubridad, ante este problema los propietarios de las pulquerías construyeron en las partes traseras de sus establecimientos corrales para que fueran utilizados por sus clientes;
“aunque esta medida fue aceptada por las autoridades, se derivó otro problema, ya los corrales comenzaron a ser utilizados sin embozo por todo tipo de gente como sitio predilecto de acercamientos sexuales de ocasión.”5

Aunque las autoridades pedían a los pulqueros que pusieran más orden, no ocurrió así los dueños de estos lugares empezaron a acondicionar las pulquerías de tal modo que los bebedores pudieran permanecer por más tiempo y así consumir más,
“se hicieron de bellas y sensuales mulatas para atender a los clientes; y como se percataron que los indios trabajadores llegaban con su itacate a tomar pulque, los dueños contrataron indias que ofrecían a los bebedores tamales, tlacoyos, sopes y otros manjares aderezados con buenas y picosas salsas para acompañar su bebida”5

El ambiente que se vivía en las pulquerías cada vez más desmesurado provocaba la ingesta de más pulque, pasando por los actos sexuales hasta los juegos de azar que no fueron permitidos por los dueños de los establecimientos, estos excesos conllevaron a que los consumidores de la “bebida de los dioses” empezaran a endeudarse con los pulqueros y los clientes dejaran objetos personales empeñados.

El pulque desde el siglo XVI fue visto por los españoles como un vicio del cual no se pudo erradicar, ya que también es parte fundamental de la dieta básica de la población.
El pulque en la época actual es una bebida no muy consumida, de hecho en peligro de desaparecer por el desinterés de la sociedad, ya que hoy en día se prefiere consumir bebidas como la cerveza que aunque doblan el precio de un litro de pulque son más conocidas por la sociedad a diferencia del pulque al que rodean muchos mitos desde su proceso de fermentación hasta el de su consumo, el pulque se puede consumir de manera natural hasta preparado o mejor conocido como “curado”, es la mezcla del pulque ya sea con refresco de sabores o con sumo de frutas. Las pulquerías que existen hoy en día son frecuentadas por jóvenes que con el afán de probar la mística bebida o por qué es mucho más barato un litro de pulque que una cerveza; el pulque que hoy en día se consume se podría decir que es un “tlachique” pulque de muy baja calidad, o que esta rebajado con agua este proceso se realiza para que el pulque tenga una mayor vida, la integración de otras sustancias era para su mayor fermentación.



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1 WESTHEIM, Paul, IDEAS FUNDAMENTALES DEL ARTE PREHISPANICO EN MÉXICO,. Fondo de Cultura Económica, México, Buenos Aires, 1era. ed. Ilus. 84
2 SOBERÓN MORA, Arturo, LA CONSPIRACIÓN DEL PULQUE, 2010, Proceso BI-CENTENARIO. p6. No. 16. 34pag.
3 SOBERÓN MORA, Arturo, LA CONSPIRACIÓN…, p.6
4 SOBERÓN MORA, Arturo, LA CONSPIRACIÓN…, p.6
5 Ibíd. p.7


BIBLIOGRAFÍA

GONCALVES DE LIMA, Oswaldo. “El maguey y el pulque en los códices mexicanos”, Fondo de Cultura Económica, 1956. 278p. Ilus.

SANCHEZ SANTIRÓ, Ernest (coordinador), “Cruda realidad producción, consumo y fiscalidad de las bebidas alcohólicas en México y América Latina siglo XVII-XX”, serie Historia Económica. 2007, Instituto Mora. 359p.

Soberón Mora, Arturo, “La conspiración del pulque”, Proceso BI-CENTENARIO, núm. 16, 2010.

WESTHEIM, Paul, “Ideas fundamentales del arte prehispánico en México”, Fondo de cultura Económica, México-Buenos Aires, 1957, Ilus, 277 pag.

viernes, 8 de octubre de 2010

Los magueyales de los Llanos de Apan y del Valle del Mezquital, en el estado de Hidalgo, han producido los mejores pulques desde que se tiene memoria.

Esta bebida, muy apreciada en el imperio mexica, se obtiene de las pencas del maguey cuando la planta está madura. Para ello se le arranca la yema o corazón y sus paredes se raspan hasta lograr una cavidad, de la que, unos días después, manará el aguamiel de las pencas durante un periodo que va de tres a seis meses.
El tlachiquero es el encargado de la extraer el líquido por medio de succión con un acocote, dos o tres veces al día, y de depositarlo en una botija o pellejo (cuero de pulque), o en una castaña, anteriormente hecha de madera y en la actualidad de fibra de vidrio, para después vaciarlo en el tinacal, donde se fermenta. El aguamiel sin fermentar es un delicioso refresco, dulce y transparente. Una vez fermentado se convierte en octli o pulque, bebida embriagante que aún hoy en día se consume en muchos pueblos.

En la época prehispánica únicamente los señores principales o los ancianos, hombres y mujeres retirados ya de la vida activa, podían consumirlo, y a los que iban a ser sacrificados en el templo de Huitzilopochtli se les permitía beberlo hasta embriagarse. También se administraba, ya fuera solo o combinado con diversas yerbas, a los enfermos y a las parturientas, pues se consideraba una eficaz medicina para aliviar los males más variados.

La embriaguez era un delito que se castigaba con severidad. A los infractores por primera vez se les trasquilaba públicamente; a los que reincidían se les derribaba su casa y se les impedía acceder a cualquier oficio honroso, y si no se enmendaban se les condenaba a morir ahorcados, golpeados o apedreados. Sin embargo, en ocasiones especiales, como en las fiestas de los dioses del vino, nos dice fray Bernardino de Sahagún, “no solamente los viejos y viejas bebían vino pulque; pero todos, mozos y mozas, niños y niñas, lo bebían hasta embriagarse”.

Con la conquista, estas sanciones quedaron sin efecto, pero aun cuando las autoridades virreinales hicieron todo lo posible por acabar con el pulque, los intentos fracasaron. Lo más que pudieron hacer fue regular la instalación de pulquerías, de las cuales, por ejemplo, en la ciudad de México podían establecerse hasta 36 para hombres y 12 para mujeres.

Los indígenas continuaron bebiéndolo no únicamente para embriagarse, sino también como complemento alimenticio, sustituto de la carne; efectivamente, hoy sabemos que el pulque contiene proteínas, hidratos de carbono y varias vitaminas. Inclusive, en varias regiones se convirtió en bebida de primera necesidad ante la escasez de agua. La utilidad económica producto del pulque fue incrementándose, y para la época del porfiriato las haciendas pulqueras vivieron su momento de esplendor. El consumo del pulque se generalizó entre la población mestiza y las pulquerías se multiplicaron. Algunos viajeros de la época asentaron que en la ciudad de México había casi una pulquería por calle.

Las pulquerías eran atractivos centros de reunión en donde, al son de la música de guitarra, de arpa y de otros instrumentos, los parroquianos podían bailar, jugar a la rayuela, a los dados y a la baraja española. Los nombres de las pulquerías eran por lo general muy pintorescos: “Las preocupaciones de Baco”, “Las buenas amistades”, “Salsipuedes”, o “El Porvenir”, que al ser clausurada y reabierta se llamó “Los recuerdos del porvenir”, y “El Apache”, que se convirtió en “La hija del apache”. En la calle de Donceles, en la ciudad de México, frente a la Cámara de Diputados, sobrevivió varios años la llamada “El recreo de los de enfrente”, y famosa en Pachuca, en la empinada calle de Doria, se situaba la de “Al pasito pero llego”. Ante la cada vez más abundante concurrencia, era frecuente encontrarse con la inscripción “Vayan entrando, vayan pidiendo, vayan pagando, vayan saliendo”.

Actualmente el cultivo del maguey ha sido sustituido por el de la cebada, que resulta más redituable económicamente, pues se utiliza para la elaboración de cerveza, cuyo consumo se ha generalizado. Muy probablemente, en el futuro ya no existirán las pulquerías, que pasarán a formar parte del colorido anecdotario de nuestra historia.

El maguey una viña del pasado
Además de adornar los campos con su singular belleza, la planta del maguey, cultivada en Hidalgo desde hace siglos, ha sido utilizada para varios fines. De este agave, enquistado en terreno árido y pedregoso, y casi sin agua, se han aprovechado, además del aguamiel y el pulque, las pencas para cubrir, a manera de tejas, las chozas campesinas; sus espinas han servido como agujas o clavos, y con su fibra se tejían las mantas, de diversas calidades, que los indígenas otomíes y mazahuas utilizaban para vestirse o como cobijas; también con ellas solían pagar sus tributos a los emperadores aztecas.

Cada vez más escaso, en la cocina también se ha aprovechado el maguey. Sus pencas se emplean para cubrir la barbacoa durante su cocimiento bajo tierra; su piel o “pellejo” para envolver los mixiotes, y qué decir de los gusanos que en ellos se crían y que son un exquisito bocado de la comida mexicana.

Margarita Sep
http://www.mexicodesconocido.com.mx/el-pulque-la-bebida-de-los-dioses-hidalgo.html

lunes, 23 de agosto de 2010

Origen de la palabra "Puto"

Los putti (plural de putto en italiano) son motivos ornamentales consistentes en figuras de niños, frecuentemente desnudos y alados, en forma de Cupido, querubín o amorcillo.

Son abundantes en el renacimiento y barroco italiano, y forman parte de la recuperación de motivos clásicos típica de la época.

En italiano, la voz "putto" significa "niño". En España destacan las figuras de putto del Peinador de la Reina, en la Alhambra de Granada, obra de Julio de Aquiles, del segundo tercio del siglo XVI.


http://es.wikipedia.org/wiki/Putto

miércoles, 18 de agosto de 2010

Adaptación, originalidad y paliación en el Arte de la Nueva España

Adriana Boggio-Harasymowicz

Adriana Boggio-Harasymowicz es historiadora, egresada
de la UV. Realizó estudios de historia en el Instituto de
Profesores Artigas en Uruguay y en la Universidad de
Lund en Suecia. Ha escrito para La Palabra y el Hombre y
Repertorio, entre otras publicaciones.


El fenómeno de la paliación

Los españoles, siempre que fue posible, trataron de transplantar los modelos religiosos de la metrópoli a América. Eso intentaron hacer con las ceremonias, las construcciones y los objetos del culto. Pero, ante la realidad con la que se encontraron, se vieron obligados a realizar múltiples modificaciones a sus esquemas iniciales y a hacer concesiones para lograr la aceptación y la comprensión de dichos modelos. Aceptación y comprensión que, por mucho tiempo, no dejaron de ser superficiales debido al carácter masivo y urgente de la conversión (se dice que Fray Pedro de Gante llegó a bautizar 14 000 indígenas por día).

Los cambios en lo que respecta a la concepción del mundo y a los esquemas simbólicos suelen producirse muy lentamente, por lo que en el proceso de sustitución de las viejas imágenes por otras nuevas, los misioneros tuvieron que enfrentarse con el problema del sincretismo religioso del que nos habla Fray Bernardino de Sahagún y al que él da el nombre de “paliación”.

Este fraile, que escribió su obra entre 1570 y 1582 proporcionó interesantes datos acerca de ídolos, fuentes, montes y templos, que seguían siendo lugares de culto y peregrinación en su época, a los que la población concurría masivamente llevando ofrendas.

En la Historia general de las cosas de Nueva España, da varios ejemplos de este fenómeno, destacando entre ellos el de la Virgen de Guadalupe: “...y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejas tierras a esta Tonantzin, como antiguamente”.

Y agrega: “Bien creo que hay otros muchos lugares en estas Indias donde paliadamente se hace reverencia y ofrenda a los ídolos con disimulación de las fiestas que la Iglesia celebra a Dios y a todos sus Santos, lo cual sería bien investigarse para que la pobre gente fuese desengañada del engaño que ahora padece”.

Sucedía que, en sus intentos por acelerar el proceso de cristianización, eran muchos los frailes que se valían de los puntos de contacto existentes entre el ritual cristiano y el prehispánico y que, para acercarse a los indígenas, permitían diferentes asociaciones de conceptos y divinidades, algunas de las cuales también son mencionadas por Sahagún. Como la de Santa Ana en el monasterio de San Francisco en Tlaxcala que se asociaba con Toci, “nuestra abuela”, “y así la han llamado y la llaman en el púlpito, Toci...” O como la fiesta en honor de San Juan que se realizaba en Tianquizmanalco pero que estaba

paliada debajo del nombre de San Juan Telpochtli como suena por de fuera, pero a honra del Telpochtli antiguo que es Tezcatlipoca, porque San Juan allí ningunos milagros ha hecho ni hay por qué acudir más allí que a ninguna parte donde tiene iglesia. Vienen a esta fi esta el día de hoy, gran cantidad de gente, y de muy lejas tierras, y traen muchas ofrendas...
A esta situación de sustitución y falta de claridad en el plano simbólico espiritual se sumaron, como ya señalábamos, sustituciones en otros planos de la vida religiosa.

El culto adoptó formas semejantes a las de los antiguos rituales. Las ceremonias tenían lugar al aire libre, se siguió recurriendo a cantos, danzas y ofrendas para honrar a la divinidad. En las fechas próximas al día del santo patrono del lugar, en las danzas se mezclaban elementos aportados por los españoles –tales como diablos, moros, cristianos, etc.– con máscaras indígenas y tocados de plumas.

Al mismo tiempo, se buscó impregnar los nuevos objetos de culto de un carácter sagrado que tuviera validez ante los ojos de los indígenas. Para ello, siempre que fue posible, las iglesias se construyeron en el sitio que habían ocupado los templos prehispánicos.

También los materiales de construcción que habían formado parte de dichos templos fueron usados para levantar iglesias, reforzando con ello su carácter divino. Incluso las imágenes religiosas cristianas, muchas veces eran amasadas con el mismo material con que los indígenas acostumbraban amasar sus ídolos, dando lugar a los “cristos de caña”, como el de Xochimilco entre otros, o a conocidas vírgenes como las de Michoacán y Zapopan.

Todas estas circunstancias, estos elementos, que para los frailes del siglo XVI eran motivo de gran preocupación y análisis, hoy podemos considerar que son los que aportan gran parte de su singularidad al arte colonial mexicano.

http://www.uv.mx/lapalabrayelhombre/12/contenido/arte/Ar1/articulo2.html

martes, 20 de julio de 2010

El mecapal


El mecapal
Genial invento prehispánico
*Rubén Morante López

Aunque no se sabe quién lo inventó ni cuándo se inició su uso, el mecapal fue muy utilizado en la época prehispánica para transportar todo tipo de bienes. Además, el mecapal tenía una fuerte carga simbólica y se relacionaba con el entrenamiento para ejercer el sacerdocio o la milicia, con los dioses del comercio, con los cargadores y las prácticas adivinatorias relacionadas con el destino de los pochteca, así como con el sistema matemático, indispensable en toda práctica comercial.

El mecapal o mecapalli consiste en una banda de algodón o de ixtle –fibra del maguey–, sujeta por sus extremos a dos cuerdas que sirven para sostener la carga. La banda protege la cabeza y el cuello, y al mismo tiempo hace que la carga se equilibre y que el peso de ésta se distribuya por todos los músculos del cuerpo del cargador. Vasija que representa a un cargador. Cultura Tumbas de Tiro. Clásico. Colima. Museo de las Culturas de Occidente María Ahumada de Gómez, Colima.
Foto: Rafael Doniz / Raíces



Mesoamérica tenía características fisiográficas que propician la diversidad climática y ecológica. Cada sector de este rompecabezas natural tenía hábitats con productos distintos. Eric Wolf, Christine Niederberger y Bernardo García Martínez, entre otros, han señalado los aspectos simbióticos que se dan entre las tierras altas y las regiones costeras de Mesoamérica. Los pueblos de esta región cultural, durante miles de años y hasta la actualidad, han requerido del intercambio de productos propios del templado altiplano y de la costa tropical.
Al menos desde el periodo Preclásico, hace unos cuatro mil años, se trazaron caminos que servían a los viajeros y a sus mercancías para comunicar un gran territorio. Por allí fluían hombres, bienes e ideas que fueron entrelazando las áreas que conformaron una región con características propias, el espacio geográfico llamado Mesoamérica. Sus habitantes, a diferencia de casi todos los demás pueblos de la tierra, carecieron de bestias de tiro que les ayudaran en el transporte de productos. Los bienes se llevaban preferentemente por agua, ya que ello representaba gran ahorro de energía y mano de obra. Se sabe de embarcaciones de muchos metros de largo que surcaban ríos, lagos y el mar a muchos kilómetros de la costa. Sin embargo, no todas las rutas contaban con vías acuáticas y, conforme aparecen las montañas, los ríos se hacen violentos y dificultan la navegación. Por largos trayectos, los bienes debían ser llevados sobre la espalda del hombre y para ello se diseñó toda una organización comercial, un sistema de transporte y una red de mercados a lo largo de las rutas. A grandes rasgos podemos decir que en Mesoamérica se tuvieron dos tipos de comerciantes: uno que en ocasiones era el mismo productor y que acudía a los mercados cercanos, cargando él mismo sus bienes, y un viajero especializado en el comercio a larga distancia. A los primeros les llamaron tlanamacas los nahuas y ppolom los mayas; a los segundos les llamaron pochteca los nahuas y ah ppolom yoc los mayas. Los pochteca tenían sus propios cargadores o los conseguían en distintas poblaciones a lo largo del camino, ya sea mediante un tributo en trabajo, llamado tequio, o mediante algún tipo de pago.

Usos del mecapal
Pero todo ese sistema comercial requería del instrumento que fue uno de los grandes inventos mesoamericanos: el mecapal o mecapalli, un aparato que consiste en una banda, hecha de algodón o de petate (fibra de ixtle tejida), que va sujeta por sus extremos a dos cuerdas, con las cuales se sostiene el objeto que se carga. La banda se colocaba en la frente del cargador para protegerlo, ya que su cabeza y cuello tenían una doble función: en primer lugar, equilibraban el bulto a partir de la frente y en segundo, distribuían el peso por todo el cuerpo del cargador, a manera de que no hubiera un sólo músculo que no recibiese parte de la carga. El uso del mecapal requiere que el cuerpo se incline hacia adelante, cual si se hiciese una reverencia. El mecapal se usó para cargar todo tipo de bienes y en algunos casos debió ser necesario que el cargador protegiese su espalda con una tilma o manta. Algunos productos eran amarrados directamente al mecapalli, como la leña y las cañas o aquellos que se empacaban en costales, tenates y trojes de madera. Otros requerían del uacalli y el cacaxtli, especie de cajas, enrejados o entarimados de madera que servían para soportar desde animales hasta objetos pequeños y frágiles. Entre los cacaxtli había complejas repisas a las cuales se ataban vasijas, cántaros y tecomates de cerámica, al igual que tenates y jícaras, en los cuales se transportaban líquidos (miel, pulque…), semillas (amaranto y otras) y polvos como los tintes (cochinilla, cinabrio y otros óxidos minerales). Los cacaxtli eran objetos especializados que sólo ciertos pueblos hacían, y tenían tal importancia para el traslado de mercancías, que se constituyeron en sí mismos en objeto de tributo, como lo muestra la página 22 de la Matrícula de Tributos, al igual que el Códice Mendoza, en el que se indica que la provincia de Tepeaca debía tributar a la Triple Alianza, según se escribió allí en caracteres latinos, un tributo consistente en 200 cacaxtles.


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* Maestro en historia y etnohistoria por la ENAH y doctor en antropología por la UNAM. Director del Museo de Antropología de Xalapa de 1997 a 2005. Investigador y catedrático de la Universidad Veracruzana en los programas de geografía e historia. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

20 de Julio, 2010

jueves, 15 de julio de 2010

Articulo de la revista Arqueología Mexicana

Las danzas de moros y cristianos y de la conquista





Las danzas de conquista son representaciones que tienen sus orígenes en la danza de moros y cristianos y en la conquista de América, iniciada en 1492. Los personajes contendientes, de un lado y del otro, corresponden a individuos, reales o inventados, que participaron en la conquista o la defensa de los diversos territorios que reclamaba la corona española. Representación del encuentro de Moctezuma y Hernán Cortés. Danzantes en el atrio de la basílica de Guadalupe, ciudad de México, ca. 1935.
Foto: anónimo. © 92796. CONACULTA, inah, sinafo, fn, México


Las danzas de moros y cristianos y de la conquista son expresiones populares que siguen vigentes después de más de 400 años. Aunque han sufrido cambios a lo largo del tiempo, todavía son expresión viva del pueblo que las hizo suyas y forman parte sustancial de sus tradiciones.
Las danzas de moros y cristianos se bailan en la península ibérica desde hace muchos siglos. Si bien muchas expresiones dancísticas acompañadas de música, diálogos, etc., pudieran provenir desde el Neolítico como parte de cultos agrarios, al paso del tiempo se fueron incorporando otras expresiones que tuvieron su origen en diversos acontecimientos históricos, entre los que se encuentran las Cruzadas y los intentos por recuperar Jerusalem, o los enfrentamientos contra los moros que ocuparon más de la mitad sur de lo que hoy es España, cuando los reinos católicos tratan de reconquistar aquellas tierras que estaban en manos sarracenas. Otra vertiente son los cantares de gesta como la Chanson de Roland, que escenifica los combates entre moros y cristianos que culmina con el triunfo de Carlomagno.
Con la conquista de América y como una de las consecuencias de ella, estas danzas con sus variantes tendrán presencia en la Nueva España y en otras posesiones españolas, adaptándose según el lugar y las circunstancias. Es así como, además de las tradicionales danzas de moros y cristianos, se van a dar las danzas de la conquista, en las que los protagonistas serán los indígenas recién conquistados y sus personajes destacados (Moctezuma, Tecun Umán, Atahualpa, etc.), quienes combaten en contra de los cristianos (Hernán Cortés, Pedro de Alvarado y otros). Ejemplos de esto lo vemos en Guatemala, donde se han registrado muchas danzas que atienden al carácter regional en donde se escenifican (Bode, 1961). En Perú y República Dominicana existen referencias de danzas, como la de la prisión y muerte de Atahualpa, en el caso del primero, y la Danza de los Moctezuma, en la segunda (Henríquez Ureña, 1960). De Panamá di a conocer en México, en 1965, la Danza de los Montezumas, que se baila en Los Santos y otras poblaciones (Matos, 1967, 1981). De igual manera, publiqué una danza que se representa en El Salvador que lleva por título La historia de Montizuma, indio mejicano, y Hernán Cortés, español (Matos, 1979, 1981).
Resulta necesario aclarar los nombres con que se denominan estas representaciones. Sobre el particular hay autores que se inclinan a referirse a ellas con el nombre de “moros y cristianos” aduciendo, entre otras cosas, su presencia en España desde siglos atrás (Warman, 1985), en tanto que otros prefieren reunirlas bajo el título de “danzas de la conquista”, con argumentos igualmente interesantes (Jáuregui y Bonfiglio, 1996). Por mi parte, me inclino a considerar bajo el primer nombre a todas aquellas expresiones en las que los contendientes son moros o individuos considerados paganos (Pilatos, por ejemplo), en tanto que los cristianos encarnan en figuras como Santiago, Carlomagno, los Pares de Francia, etc., que se escenifican tanto en la península ibérica como en América. El apelativo de danzas de la conquista lo asigno a todas las representaciones que se adaptaron a partir de la empresa conquistadora iniciada en 1492, en la que los contendientes, de un lado y del otro, corresponden a figuras de individuos, reales o inventados, que participaron en la conquista o defensa de los diversos territorios sujetos a la corona española.

TEXTO COMPLETO EN LA EDICIÓN IMPRESA

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• Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.